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Martes, 28 Octubre 2014 14:57

Caso antiguo de éxito en Tunquén reflota con el inicio del Netbillling

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Hemos desempolvado este artículo del ingeniero Patricio Cavieres, de la Revista Electroindustria de septiembre del 2012, sobre un caso que demuestra la importancia de fomentar la generación distrbuida. 
 
TUNQUÉN Un ejemplo a seguir en generación distribuida
 
Mayoritariamente, la opinión pública piensa que la generación de energía centralizada a gran escala es más conveniente. Después de todo, hemos sido educados bajo ese paradigma y estamos acostumbrados a que el sistema funcione de esta forma. No obstante, diversas iniciativas han podido comprobar que la producción distribuida o descentralizada de energía -generada y almacenada cerca del lugar de uso o consumo- es más segura y eficiente. Además, como se genera localmente, se reducen sustancialmente las pérdidas por transmisión de la generación centralizada.
 
La generación centralizada de energía eléctrica a gran escala, a partir de combustibles fósiles o nucleares, presenta una eficiencia muy baja. En general, de la energía teórica presente en el combustible, se pierde un porcentaje importante cuando se genera y en el proceso de transmisión/distribución, por lo que sólo una parte de la energía primaria se encuentra disponible como electricidad en el punto de uso o consumo.
 
En 2007, el Consejo de Europa estableció las bases para la “tercera revolución industrial” que descansa en tres pilares:
 
• Uso de energías renovables.
 
• Desarrollo de tecnologías para el almacenamiento de la energía.
 
• Redes inteligentes (Smart Grids). 
 
En su libro “La economía del Hidrógeno”, Jeremy Rifkin propone que “a futuro, cada hogar, oficina, comercio, industria o explotación agrícola, podrá tener sistemas de generación propia para satisfacer sus necesidades de energía y almacenamiento con hidrógeno de los excedentes, que serán capaces de tomar energía de la red en caso de déficit, pero también de entregar y compartir con otros, en caso de producirse mayor producción que la necesaria. Todo esto gestionado por sistemas inteligentes que automáticamente tomarán decisiones de ahorro en momentos críticos y de consumo en situaciones favorables”. Justamente, ésta es la importancia de las redes inteligentes en un sistema de generación distribuida, ya que permiten almacenar energía cuando el suministro proveniente del sol y del viento es irregular (intermitencia) y ofrecerla en el momento de mayor demanda.
 
 
La experiencia de Tunquén
 
En Chile, a mediados de los años ‘80, algunos propietarios de terrenos del Balneario de Tunquén, en el litoral de la V Región de Valparaíso, resolvieron aprovechar la energía solar para extraer agua del subsuelo, que les permitiese satisfacer sus necesidades básicas, ya que la red eléctrica estaba muy distante y el costo de conectarse era muy elevado.
 
Para la época en que comenzó este proyecto, la energía solar fotovoltaica era poco conocida y el monto de la inversión era muy alto. En este sentido, se debe destacar que la introducción de esta tecnología en Tunquén, se debe al ingeniero Christoph Horn, uno de los pioneros de la energía solar en Chile, quien inicialmente utilizó paneles fabricados por Arco Solar de EE.UU. y, a partir del año 1990 y a través de Ingelsac, los de Siemens (Alemania) que adquirió la compañía estadounidense.
 
En 2012, afirmaba el técnico eléctrico Enzo Cortez, existían aproximadamente 300 viviendas en Tunquén, donde cada casa poseía un sistema propio e independiente de generación fotovoltaica, lo que representa la primera y única experiencia de Generación Distribuida de Energía Renovable que existe en el país. Es decir, la mayor parte de las viviendas posee este sistema fotovoltaico (en algunos casos, la electricidad se genera mediante un grupo electrógeno a diesel o gasolina). Excepcionalmente se utilizan en algunas casas paneles termosolares para calentar agua.
 
No obstante, como la capacidad de generación eléctrica es insuficiente para satisfacer todas las necesidades de energía, se utiliza gas para la preparación y conservación de los alimentos (cocina y refrigerador a gas), así como para una parte de la calefacción de las viviendas en invierno (estufas). La autosuficiencia energética de Tunquén para sustituir el gas por energía solar u de otra fuente renovable, debería ser uno de los desafíos a futuro de esta comunidad, pero representa un costo adicional elevado, que, a nuestro juicio, no compensa el corto uso temporal o estacional que se le da a las viviendas.
 
Actualmente, todos los sistemas cuentan con baterías de plomo-ácido donde se almacenan los excedentes de electricidad que se generan durante las horas de sol y que se utilizan preferentemente durante la noche. 
 
 El futuro del “proyecto” Tunquén
 
La conexión energética de todas las viviendas que generan energía solar FV en Tunquén debería ser el paso lógico para constituir la Primera Red Inteligente en Chile, que serviría como plataforma demostrativa para otras localidades del país que tengan interés y donde existan las condiciones adecuadas para implantarla. Naturalmente, debido al elevado costo de inversión, la conformación e instalación de un sistema descentralizado de generación de energía renovable, necesita el apoyo del Estado y la participación de alguna empresa internacional que tenga experiencia en esta materia.
 
Además, para impulsar este sistema, es imprescindible contar con una ley que promueva y regule la generación distribuida de energía, así como la constitución y el funcionamiento de las redes inteligentes: con un sistema de medición neta (net metering) de la producción, consumo y venta de los excedentes. Lamentablemente, desde hace algún tiempo, hay cuatro proyectos de ley de medición neta que están prácticamente paralizados en el Congreso.
 
A futuro, no cabe duda que el sistema ideal de generación distribuida de energía deberá ser la pila o celda de combustible, donde la energía solar o eólica se utilizará para obtener hidrógeno a partir de una fuente renovable como el biogás, bioetanol, biobutanol, bioglicerina por ejemplo, y que el medio de almacenamiento más conveniente de los excedentes será el hidrógeno.
 
En virtud de lo expuesto, no cabe duda que el sistema energético del futuro será necesariamente más distribuido, descentralizado, eficiente, limpio, así como también más comprometido y cercano al consumidor, pero esto implica un cambio en el paradigma de la energía y una adecuada legislación.
 

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